‘La bola negra’ más allá del mito de Lorca
Para que la figura de Federico García Lorca siga teniendo la dimensión de leyenda, es necesario ir más allá de los textos que nos mandaban leer en el colegio, y eso es exactamente lo que han conseguido Los Javis con este fenómeno cinematográfico que sacude (y emociona) al mundo entero con La bola negra.
La película de Javier Calvo y Javier Ambrossi ha iniciado su recorrido internacional con la mirada puesta en Hollywood. Seleccionada por la Academia de Cine española para representar al país en la carrera por el Óscar a mejor película internacional, la película figura también entre las favoritas de las primeras predicciones para obtener nominaciones en otras categorías. Su recorrido, que incluye el premio a la mejor dirección en Cannes, sitúa de nuevo al cine español en el centro de las próximas temporadas de premios. Pero más allá de las expectativas que despierta en la industria, la película abre una puerta para volver a una figura fundamental de nuestra literatura: Lorca, cuya obra inacabada inspira parte de este proyecto.

En un año marcado por los noventa años del asesinato del poeta y el centenario de la Generación del 27, la película se centra en la lamentación colectiva de todo aquello que se quedó por escribir y abre la puerta a nuevas interpretaciones de su obra, cuya relectura constituye hoy en día prácticamente un subgénero propio. La muerte de Lorca no solo puso fin a una vida, sino que interrumpió una trayectoria creativa cuyo desarrollo nunca podremos conocer.
Desde el punto de vista narrativo, La bola negra toma como punto de partida el texto inacabado de Lorca para construir un relato que trasciende la figura del poeta y explora las posibilidades de una historia que quedó suspendida. La película de Javier Calvo y Javier Ambrossi establece un diálogo entre la herencia literaria y una mirada contemporánea, en la que la identidad, el deseo y la libertad adquieren un papel central. Más que reconstruir el universo lorquiano, la propuesta busca prolongarlo, imaginando nuevos caminos a partir de una obra que nunca llegó a desarrollarse por completo.

La película se articula en torno a tres líneas temporales, situadas en 1932, 1937 y 2017, que terminan confluyendo en una misma reflexión sobre el amor, la identidad y la memoria. Para construir este relato, Calvo y Ambrossi parten de las pocas páginas que se conservan de la obra teatral de Lorca y las ponen en diálogo con otras historias, entre ellas la de Rafael Rodríguez Rapún, pareja del poeta y secretario de la compañía teatral La Barraca. El resultado se aleja de la estructura de un biopic convencional: en lugar de reconstruir cronológicamente la vida del escritor, los directores utilizan su legado como punto de partida para entrelazar distintas experiencias y épocas.
Esta estructura permite que la presencia de Lorca trascienda el marco histórico en el que vivió. Su influencia no se limita a las referencias literarias ni a la recuperación de un episodio de su trayectoria, sino que se manifiesta en las conexiones que la película establece entre distintas generaciones. Y es justamente ahí donde se construyen los clásicos; en el lugar común. La distancia temporal no elimina las preguntas que atraviesan estas historias; al contrario, permite observar cómo algunas experiencias se transforman mientras otras siguen encontrando eco en el presente. En ese diálogo entre épocas reside una de las claves de la propuesta, es decir, acercarse a Lorca, no sólo como una figura fundamental de la literatura española, sino también como una persona con una sensibilidad que ofrece nuevas preguntas: ¿hemos avanzado tanto como creemos?

Fotografía de cabecera @Movistarplus