Entrevista a Alicia Arnau en Revista Saó

Hay un cine que no necesita grandes artificios para contarnos verdades incómodas; Un cine que hierve a fuego lento, en el espacio entre una sábana extendida al sol y el olor de una taza de café. En este ámbito de la vida cotidiana encontramos el debut tras la cámara de la valenciana Alicia Arnau. Tras años esculpiendo historias desde la sala de montaje para plataformas como Netflix o RTVE, Arnau da el salto a la dirección con Els llençols blancs, un cortometraje rodado íntegramente en valenciano que utiliza la cámara como ejercicio de reparación histórica a través de la poética de la memoria.

El cortometraje nace de una ausencia: las preguntas que Arnau nunca pudo hacer a sus abuelas. A partir de ahí construye la historia de Sofía (Paula Braguinsky), una joven que visita a su abuela Carmen (Maite Gil) para grabar un proyecto audiovisual y descubre que, detrás de la figura idealizada, hay una mujer con deseos, dudas y decisiones complejas. Hablamos con el director sobre el secreto detrás de la historia, el peso del cuidado y por qué fue necesario rodar entre los naranjos de Corbera y Pego.

Explicaste que el cortometraje nació de la reflexión sobre las preguntas que no podías hacerle a tus abuelas. ¿Cómo lo transformaste en una ficción con un secreto tan poderoso?

Creo que se lo debo al feminismo. El movimiento me ha ayudado a saber quién soy, qué quiero para mí y cómo me gustaría que fuera el futuro de nuestra sociedad. Mirar hacia adelante da esperanza, pero mirar atrás es complicado: la reparación que podemos hacer a todas esas mujeres que no tenían los derechos que tenemos ahora no es real, porque ya no están ahí, sino imaginarias.

Por eso hice el ejercicio de pensar en sus vidas. Sabemos que nuestras abuelas tuvieron que renunciar a muchas cosas por el tiempo que les quedaba de vida, pero ¿sabemos exactamente cuáles? Escribí una serie de preguntas que me habría gustado hacerles con todo lo que sé ahora, y luego imaginé sus respuestas intentando ser lo más honestas posible: no las que me habrían resultado cómodas, sino también las que me habrían despertado por dentro. Ahí es donde nace el secreto que se confiesa en el cortometraje. ¿Cuántas abuelas divorciadas conocemos? Hasta 1981 no existía una ley de divorcio en España – aunque la Segunda República ya había abierto una primera avenida – y una ley necesita tiempo para romper estigmas. Por lo tanto, relativamente recientemente, las mujeres han podido decidir terminar su matrimonio. Y, curiosamente, el 70% de los divorcios en nuestro país son iniciados por mujeres.

Puedes leer la entrevista completa en: Revista Saò

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