Entrevista a Toni Nievas -Todo es autoficción-
Toni Nievas ha sido pintor, director de cine, viñetista, humorista, actor, guionista, colaborador televisivo y padre de artista (la inconmensurable Paula). Completamente desprovisto del síndrome del impostor y con un innegable talento, lleva un par de lustros probando las hieles del ostracismo tras una concatenación de malas rachas que vienen a probar que en nuestro país sólo te mantienes si emanas humildad. Y a ver…
Conocí a Toni a través de un reel sobre Joseph Cotten y su pelo que el autor colgó a finales de marzo en su perfil de Instagram. Él acababa de publicar Mis días de vídeo con Appelhead Team y se encontraba en El Arenal acabando de ver “todo el cine”.
Es un poco más tímido, algo más alto y bastante menos quedón pero igual de imprevisible de lo que cabía esperar; así que considero que no hay modo de iniciar esta entrevista si no es in media res; sin saludo previo, como si se tratase del small talk de un postcoito.
P: ¿Sigues identificándote con el mismo tipo de protagonista que te conmovía en la adolescencia? ¿Cuáles son tus principales referentes en la comedia, tu género de cabecera?
T.N: No diría que la comedia sea mi género preferido, pero sí es con lo que más me identifico y el género que me sale cuando escribo; porque lo tengo integrado o porque soy incapaz de salirme de ahí. Le tengo mucho respeto al terror, el musical y la ciencia ficción. Los dramas suelen ser pura pornografía barata, artificio y trucos. Escribir comedia siempre es estar rozando el fuego; puedes pensar en el argumento más crudo que se te ocurra y hacer gran comedia.
Me sigo identificando con el perdedor, el que fracasa, el que lo ha perdido todo y emprende el viaje, pero no por ello tiene que acabar triunfando. La figura del loser se hace más interesante en las comedias de los ochenta con los nerds; los pardillos; los flacos gafa pasta que nunca tendrían relaciones sexuales; los hombres cuarentones en crisis; la era Reagan; el sueño americano; la gente pobre de barrio que desea tener éxito. La mujer explosiva, La chica de Rosa, Su juguete preferido, Trading Places, Una cana al aire, Los albóndigas en remojo, Bill Murray al principio del Pelotón chiflado, que es un desgraciado sin aspiraciones en la vida y conduce un taxi que deja tirado en mitad de un puente.
De niño, descubrir esos antihéroes me voló la cabeza. Por primera vez, en los años 80 vemos esa figura, el primer hombre deconstruido que es incapaz de tener relaciones adultas o estabilidad laboral. Esos personajes no existían en el cine crudo (el nuevo Hollywood) de los 70, donde todo eran personajes atormentados, yonquis, moteros y vagabundos. Y si vas más hacía atrás, lo que veías eran galanes, detectives, policías y gente muy heterosexual que se tomaba muy en serio.
El Woody Allen de Toma el dinero y corre es otro joven desgraciado sin futuro. Ernest Borgnine en Marty. Pero Buster Keaton y Chaplin ya lo eran en sus películas. En El hombre mosca, Harold Lloyd es un joven don nadie que se larga a la ciudad para lograr tener mejor suerte, tener éxito en un trabajo y así poder casarse con su chica, ¿puede haber algo más deprimente que esa premisa? Richard Pryor era otra fuente de desgracias muy divertidas. Gene Wilder en La mujer de rojo… no sé, pienso en mil personajes y de todos ellos fui cogiendo piezas para crear mi comedia.
P: En la época de los 80 y 90 fue en la que más videoclubs te pateaste; básicamente cuando existían. ¿Solías ver varias veces la misma película?
T.N: Vi demasiadas veces Jungla de cristal, Robocop, Regreso al futuro y El Imperio contraataca, y por ese motivo tengo la cabeza atrofiada. Recuerdo ver Comando unas cincuenta veces porque hicimos una copia pirata. Y lo mismo pasó con las de Rambo. Otra cosa que hacíamos era grabar las pelis cuando las pasaban por la tele, ¿te imaginas hacer eso ahora? También fue la manera de analizar las películas, al menos el cine reciente y de acción, nuestra escuela de cine en casa gracias a la invención del vhs. Si algo aprendí de todo ese cine es que las pelis, las historias, los personajes, todo tiene que ser entretenido, todo tiene que divertir todo el tiempo en un ritmo que no para en ningún momento.

P: Bueno, ahora lo que se hace son maratones con las temporadas de series largas o miniseries. El fast entertainment de los reels llevado a la televisión clásica. ¿Notas ese cambio de tempo y tiempos a la hora de escribir para televisión? ¿Crees que todo está acelerado y prostituido por la tendencia del fandom o aún existe una autoría en el cine y las series para plataformas?
T.N: Depende de la plataforma que acoja la serie. Si piensas en HBO, te salen un montón de títulos con autoría, como nuevos clásicos de la tele que hay que ver sí o sí: Los Soprano, The Wire, Juego de Tronos, A dos metros bajo tierra.
Me encanta Togetherness, de los hermanos Duplass, que tengo la sensación de que no la ha visto nadie. Una serie como The Leftovers seguirá siendo interesante dentro de veinte años y lo mismo pasa con Breaking Bad, que es una catedral de ficción y una buena guía de cómo se deberían hacer las cosas. Cinco temporadas perfectas en las que no hay sensación de que sobre nada (salvo la película que hicieron más tarde).
Netflix es un contenedor de mil cosas, pero cada año aciertan (no sé si accidentalmente) con la serie de moda: L.O.V.E., Mi reno de peluche, El juego del calamar, Dahmer, Tiger King o ahora El Eternauta, que está muy guay. Me da pena ver cómo se han cargado una serie como Black Mirror, por querer estirarla, cuando ya no da más de sí, por los guiones, la propuesta, o que la actualidad tecnológica se ha comido la premisa que proponía de inicio. Disney no es Netflix, ni HBO es Disney. Filmin me parece una plataforma esencial para ver todo el cine clásico, pero, por lo que sea, parece que no aciertan con las series. Que yo recuerre, nunca me he parado en un corrillo de gente para charlar sobre las series de Filmin. Y luego están los accidentes como Paquita Salas, que da la sensación de que salió de la nada o de YouTube, y nació en una plataforma muy pequeña como Flooxer y luego dio el salto a Netflix.
En cuanto a ficción española, creo que deberíamos salir de la tendencia de tanto drama de hospital, vecinos gritones, padres divorciados y madres sufridoras alcohólicas. Como aspirante a guionista de comedias que soy, me sigue faltando esa gran comedia que se mida con las grandes producciones americanas. Me encanta Poquita fe, que es muy inteligente, y me sobra ver tanto José Coronado haciendo de tipo duro y tanto Mario Casas en ese último thriller oscuro.
¿Qué sentido tiene seguir haciendo cuatro temporadas más del juego del calamar si la historia ya está contada y gastada?
P:¿Qué opinas de la autoficción? Y con ella del posthumor y todo este universo tan meta y autorreferencial.
T.N: De alguna forma, siento que todo es autoficción o pienso que toda obra parte de vivencias propias, ideas o emociones; algo que te pasó de niño se convierte en el motor para comenzar algo, o algo que oíste en la mesa de al lado acaba dentro de una conversación entre dos personajes que has creado. Con esto no digo que Star Wars sea autoficción, aunque molaría mucho. Lo más increíble de la autoficción es que, en el momento en que pasa al papel, automáticamente se convierte en ficción, en una historia, en el relato del autor. Mis autores preferidos entrarían en esa categoría de autoficción, realidad y crudeza que traspasan todos los límites. ¿De verdad esa persona está tan majara y le ha pasado de verdad todo eso que cuenta? En esa lista metería a gente como Robert Crumb, Daniel Clowes, Harvey Pekar o Woody Allen. Soy muy fan de Deforme Semanal, un podcast en el que sus presentadoras están continuamente haciendo chistes internos y hablando de sus ex, relaciones familiares, amigos o trabajos. Esa cercanía hace que conectes más con las historias que cuentan.
En cuanto al posthumor, pienso que no deja de ser otra etiqueta más que un día quedó guay en un artículo. Si por posthumor hablamos de comedia incómoda que se adentra en terrenos raros y oscuros, donde muchas veces es imposible discernir entre lo alegre y lo dramático, diría que eso siempre ha existido y es parte de las dinámicas y herramientas de la comedia; ahí están Woody Allen, Billy Wilder, Phoebe Waller-Bridge, los hermanos Duplass, Judd Apatow, Todd Solondz y mil creadores más. ¿Has visto una peli uruguaya llamada Whisky? Si vuelves a ver El apartamento, posiblemente termines llorando.

P: ¿Cómo crees que te irá en el futuro creativamente? ¿Te consideras un autor que necesita contar algo y seguirías escribiendo y creando siempre, aunque no te ofreciesen dinero a cambio, o lo consideras simplemente un trabajo cool, más cómodo y vistoso que vender tarjetas de crédito o ser camarera de hotel?
T.N: Mira, aquí te voy a contestar con mi ego hinchado de artista en la mierda y desaprovechado. Siendo niño empecé a dibujar sobre los libros del colegio y mi sueño era ser dibujante de cómics. Más tarde me obsesioné con la pintura y me pasé muchos años pintando hasta que descubrí que no tenía talento para ser un pintor de verdad. Siendo joven apareció el cine digital, el Dogma, Sudance, el final Cut y las cámaras de vídeo, y eso me permitió acceder a cosas que hasta el momento habían sido imposibles. Soy un creador y siempre voy a estar haciendo cosas, aunque sean cosas invisibles, como los vídeos que he estado subiendo a mi canal de YouTube. Soy un creador y eso es lo que intento hacer cada día. Otra cosa es que me quieran, me valoren y me compren, cosa que no ha pasado. Llevo años proponiendo mis ficciones a las plataformas. Y siempre estoy intentando cosas y escribiendo, pero todo eso en la soledad. Porque si no te compra nadie es imposible levantar un proyecto audiovisual de forma decente. Y como tampoco tengo ganas de volver a la etiqueta del low cost, me estoy tomando esta etapa como un tiempo de oscuridad y espera.
En la actualidad estoy escribiendo una nueva serie y me lo estoy pasando muy bien. Pero me lo pasaría mucho mejor si pudiera rodarla. Me encantaría volver a estar en un rodaje y con los actores… No sé, poder estar a los mandos de una buena serie de comedia.
Lo de romantizar al autor creador que vive en la mierda y trabaja de otra cosa, me parece un coñazo. Como la frase de: Son más los proyectos que no salen que los que salen», frase que suele decir la gente que lleva veinte años encadenando proyectos. O gente de la profesión que siempre viene y te dice: es que la cosa ahora está muy mal, pero para todos. Ya he visto no sé cuántas crisis, recesiones, guerras, pandemias. Si la cosa siempre va a estar mal, eso ya lo sé, pero la maquinaria del audiovisual no ha parado, y ahora menos, que parece que lo único que hacemos es consumir todas las series de todas las plataformas del planeta.
Lo más guay del mundo sería poder levantarme por las mañanas para preparar café, ponerme a escribir, pasarme el día leyendo y pensar en futuros rodajes, y encima que me pagaran por ello. Y no me sentiría mal, de verdad. Lo último que quiero es jubilarme como ayudante de cocina en un hotel.
Esta entrevista tuvo lugar en el mes de mayo de 2025 a caballo volador entre el Arenal en Palma de Mallorca y Barcelona, capital.
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Marta Díez San Millán ha estudiado guion de cine y TV en la Escuela de Cine y TV Septima Ars de Madrid. Ha vivido en León, Madrid, Barcelona y Estambul. Ha escrito artículos para MovieCrazy y BunkerHill entre otros. Dirige la página Pensar Desnuda donde habla de situaciones embarazosas y pelis, así, groso modo.
Fotos: Marta Díez San Millán
