|

CONVERSACIONES CON IÑAKI FONT: Focos y zumo de lima recién exprimida

“No la puedo retener junto a mí, ha probado el veneno del teatro” decía el dramaturgo Antón Chéjov sobre su mujer, la actriz Olga Knipper. Una pasión que parece que quien lo prueba, se hechiza. De igual manera habla sobre la profesión Iñaki Font (San Sebastián, 1979), actor que, tras una consolidada trayectoria en el cine, la televisión y el teatro, sigue defendiendo el escenario como una “droga”.

Con más de dos décadas de trayectoria, Font ha construido una carrera donde puede transitar con naturalidad entre todos los formatos audiovisuales y auditivos. Desde sus primeros trabajos en series como Compañeros o Un paso adelante, el actor ha participado en producciones como El internado, La catedral del Mar, La víctima número 8 o Cuéntame un cuento, además de películas como Besos para todos, Guerreros o Todos estamos invitados. Entre sus trabajos más destacados figura su personaje en Presunto culpable, una serie que obtuvo una notable acogida nacional e internacional y que fue reconocida con el Premio Magnolia a Mejor Serie Extranjera en el Festival Internacional de Televisión de Shanghái. A través de Joseba (el personaje que interpretaba en la serie), pudo descubrir que la interpretación nace de mirar al personaje desde su humanidad, más allá de sus actos. “La vida no es algo tan simple que se pueda resumir entre bueno y malo, siempre depende un poco de cómo se mire y desde qué ojos”.

“En el teatro es donde mayor poder he sentido”, afirma Font. Un espacio que define como un lugar donde la experiencia es única, difícil de igualar en otros formatos. “Estás una hora y tres cuartos donde nadie te corta, nadie te dice nada. Es directo total”, explica, poniendo el foco en esa experiencia conjunta que constituye el teatro. “El público es el personaje principal”, defiende, “una función sin público está muerta”. Es este vínculo el que marca también la diferencia con la gran pantalla, donde la experiencia detrás de las cámaras esta medida al milímetro por las cámaras: “en la pantalla de cine, cualquiera de los gestos que hagas, aunque sea mínimo, ya está diciendo algo”, señala, mientras que en el escenario la comunicación depende por completo de la energía, la voz, que debe llegar desde la primera hasta la última fila “sin importar nada más que tu talento”.

Pero esta forma de ver los proyectos, no solo corresponde a la actuación. Esta filosofía la ha trasladado también a la calle de la Ballesta número 6 en Madrid, donde en 2010 puso en marcha la coctelería Santamaría. “Para que salga perfecto, es imprescindible que se hagan las cosas al momento, con amor y con los mejores ingredientes posibles, no es lo mismo tomarse un margarita con el zumo exprimido hace siete horas, que hace dos segundos”. Una forma de entender la coctelería que no dista mucho de la actuación, el resultado siempre depende del instante y de sus integrantes.

Ante la pregunta de si se plantea volver al teatro, Font lo descarta por ahora. No por falta de deseo, sino por el momento vital en el que se encuentra. “Ahora mismo no, porque con un niño pequeño no se puede hacer teatro, lleva mucho trabajo detrás”, nos explica, consciente de la exigencia que implica subirse a un escenario de forma continuada. Aún así asegura que “soy actor sobre todo por lo que me llena la profesión” aunque matiza que solo escoge lo que realmente le interesa: “tengo la suerte de que estoy en un momento de mi vida donde puedo elegir, si un proyecto no me gusta, lo rechazo”.

Ante esa afirmación, le preguntamos qué tiene que tener un proyecto para que decida aceptarlo. “A mí me interesa mucho la vulnerabilidad de los personajes”, responde, recordando su experiencia en Presunto culpable, donde trabajó un papel que, en un principio, podía leerse como antagonista, pero que él quiso abordar desde otra perspectiva. “Yo no hago personajes, hago personas”, insiste, convencido de que la interpretación nace de comprender, más que de juzgar, los nombres propios que interpreta.

 “La vida no es algo de malos o buenos, siempre depende un poco de cómo lo mires”, resume, aludiendo al territorio comanche donde lo real y lo relativo se desdibuja, donde cada mirada escribe su propia historia.

Fotografías de cabecera y del artículo: @Marc Sirisi

Puedes leer más artículos como este en: Revista Nº3

Mónica Van Der Schoot es periodista y community management. Grado en Periodismo Universidad Ceu San Pablo 2018-2022 Máster de Periodismo El Mundo 2022-2023. Ha trabajado como redactora en suplemento cultural El Mundo y en la revista cultural White Paber By.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *