‘HAMNET’
Supuestamente una recomendación debería servir para descubrir algo que todavía
no conoce mucha gente, como una joya escondida que todavía no se haya saturado
en TikTok o Letterboxd. Pero cuando Sinhorizonte Magazine me ofreció escribir este
artículo, no pude evitar pensar en Hamnet.
Lo sé, la película de la que todo el mundo ha hablado este año y que nos ha dejado
emocionalmente destrozados a todos. Pero esa es la razón por la que quería
escribir sobre ella (ya hice mil vídeos analizándola en su estreno, pero parece que
se me quedó corto), porque creo que Hamnet no es solo una película que merece
ser vista, sino una película que merece ser revisitada para poder entender todo lo
que antes podía haber pasado desapercibido.
Si todavía no la has visto, este es el momento perfecto para hacerlo sí o sí. No
importa si no sabes nada sobre Shakespeare, ni de la historia de Hamlet, ni del
teatro clásico. De hecho, quizá sea incluso mejor entrar a ciegas por completo. Yo lo
hice así, no sabía apenas nada sobre la historia original y tampoco quise
informarme demasiado. Estamos tan saturados de información todo el tiempo hoy
en día que, de vez en cuando, me dejo sorprender por las películas en el cine
entrando sin ningún contexto. Y la sorpresa con esta fue bastante grata, aunque
terminé conteniendo las lágrimas durante media película, sobre todo en el final,
porque vaya final.

Recuerdo a la perfección la sensación de estar viendo la película y no terminar de
ubicar cuál era en realidad el centro de la historia. Entendí que era un gran drama,
pero no llegaba a verlo con claridad. Entonces nombraron a Shakespeare y tuve esa
especie de revelación absurda (y un poco humillante a decir verdad) de pensar:
“¿Cómo no me había dado cuenta antes?”.
Pero precisamente esa fue una de las cosas que más me atrapó de Hamnet. La
película no quiere impresionarte con el peso histórico de este dramaturgo, quiere
humanizarlo. Quiere que los veas primero como una familia normal antes de
entender el símbolo que representan para la historia del arte. Y por eso funciona tan
bien incluso aunque no tengas ningún conocimiento previo. Porque antes de hablar
sobre literatura o teatro, Hamnet habla sobre la familia, el duelo y el amor. Y te
puedo asegurar que después de verla querrás devorar su historia.
Hamnet plantea el arte como una necesidad de expresión. Shakespeare no escribe
Hamlet como dramaturgo, lo hace como padre, y eso cambia por completo la forma
en la que entendemos la obra y también la forma en la que vemos y sentimos la
película.

Yo no soy madre, no puedo llegar ni siquiera a imaginar lo que significa perder un
hijo. Pero sí soy una persona que siempre se ha refugiado en el arte y por eso
conecté tanto con esta película. Porque puso en imágenes algo que muchísimas
personas sienten y que pocas sabemos explicar realmente. A veces crear es la
única manera de resistir.
Shakespeare convierte el dolor en arte porque es la única manera que encuentra
para poder despedirse de su hijo y procesar su dolor. Hamlet se convierte, para mí,
en tres cosas: un adiós, una reconciliación y una forma de inmortalidad. A través de
esta obra, Hamnet deja de pertenecer a su familia y pasa a existir para siempre en
la memoria colectiva.
Hizo que el mundo entero conociera el nombre de su hijo durante siglos. Si
conseguir que alguien exista para siempre a través del arte no es una de las formas
de amor más profundas que existen, entonces no sé qué lo es.
Una de las cosas que también me llamó mucho la atención es cómo la película
entiende que el arte no beneficia solo al creador, sino también a quienes lo reciben.
Y una de las escenas más dolorosas de toda la película es en la que Agnes
entiende lo que su marido ha hecho. Entiende que Hamnet sigue ahí dentro de esa
obra, que cada palabra es una forma de mantenerlo vivo, y es increíble cómo la
película consigue transmitir todo eso sin necesidad de verbalizarlo.
Pienso que esa es una de las razones por las que Hamnet ha conectado tanto con
los espectadores, porque no habla de Shakespeare (de hecho, intenta evitarlo a
toda costa), ni de la creación de la obra. Habla del deseo humano de impedir que
aquello que amamos desaparezca del todo. Y el arte lucha constantemente contra
eso.
Shakespeare convirtió la tragedia más grande de su vida en una obra que acabaría
inspirando siglos enteros de literatura, teatro y cine. De una gran pérdida nació una
creación infinita.
Gran parte del peso emocional de Hamnet existe gracias a las interpretaciones tan
tan humanas que consigue la película. Paul Mescal está muy bien, pero Jessie
Buckley, con su merecidísimo Óscar, y el pequeño Jacobi Jupe, que nos robó el
corazón a todos, se convierten en el centro emocional de la historia. Ambos están
increíbles.
Pero además de todo lo que cuenta la narrativa, Hamnet es una película perfecta en
cuanto al lenguaje visual. Cada color está construido para hablar emocionalmente
de los personajes. Y aunque en Shakespeare también aplica, el mejor ejemplo de
esto es Agnes.
Ella está todo el tiempo asociada al rojo. Desde la primera vez que apareció en
pantalla entendí a la perfección qué tipo de mujer íbamos a ver. Ese rojo vibrante
transmite libertad, fuerza y conexión con la vida. Agnes es una mujer emocional,
intuitiva y salvaje en el mejor de los sentidos. Chloé Zhao utiliza este color de forma
muy intencionada para que nosotros sintamos todo eso de manera inconsciente.
Agnes llena la pantalla de vida durante toda la película, pero después de perder a su
hijo, abandona esos tonos rojizos intensos y empieza a aparecer con marrones y
tierras apagados. Como si hubiera perdido no solo a su hijo, sino también una parte
de sí misma.
Por eso el regreso del rojo en la escena final resulta tan bonito, porque no
representa la vuelta de la felicidad ni la superación, representa el reencuentro, el
volver a conectar con esa parte de ella que había desaparecido junto a su hijo.
Después del visionado de la película, durante semanas, estuve pensando en una
idea muy concreta, y es que el arte existe precisamente para esto. Para convertir
algo efímero en eterno y expresar al mundo lo que no somos capaz, dándonos
cuenta así que no estamos solos y que otras muchas personas han pasado por lo
mismo. El arte es conexión, el arte es vida.
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Pilar grc desarrolla su marca personal, @pilargrc, donde reúne a más de 90.000 seguidores entre Instagram y TikTok. Compagina este proyecto con su trabajo como community manager y con Mapo Digital, su propia empresa especializada en creación web y posicionamiento digital para empresas. Posee un Grado Superior de Imagen y Sonido.